miércoles, 10 de octubre de 2007

Un primer paso para devolver la naturalidad al nacimiento.

Un primer paso para devolver la naturalidad al nacimiento

El Sergas humanizará los partos con menos cesáreas y epidurales
En la sanidad pública gallega se realizan el doble de cesáreas que las que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Médicos y matronas se desplazarán a otras comunidades para formarse en técnicas menos medicalizadas. El objetivo es mejorar la atención sin rebajar la seguridad

El embarazo no es una enfermedad. Sin embargo, cuando una mujer se pone de parto en Galicia la medicalización se apodera de todo el proceso. Acostada, rodeada de máquinas que controlan el latido del corazón del feto, se le suministra oxitocina para acelerar el nacimiento, se le rasura el pubis, se le ponen enemas, se le practica una episiotomía -un corte vaginal- y, con una probabilidad cada vez más alta, se le extirpa a su hijo con una cesárea. Todas estas prácticas han sido criticadas por la Organización Mundial de la Salud (OMS) por haberse convertido en rutinarias. El Sergas ha decidido que es hora de cambiar el paso.

"Tenemos una tasa de mortalidad muy baja, pero hay que rebajar un poco el intervencionismo y conseguir que el parto sea más acorde con los ritmos fisiológicos, sin rebajar la seguridad de la madre y el niño", Reducir el número de cesáreas es uno de sus propósitos. Según los datos del Sergas, actualmente el 27,2 por ciento de las mujeres que se dirigen a un hospital público para dar a luz acaban sometidas a esta intervención quirúrgica. La cifra aún es más alta en los centros privados, en los que ronda el 45%. La OMS considera, sin embargo, que las cesáreas sólo están justificadas en un 10 ó un 15% de los casos.

¿Por qué se ha convertido en habitual esta práctica? Montesinos señala que la medicina está adoptando un papel excesivamente "paternalista" y que los profesionales no están facilitando a las mujeres toda la información que debieran. Considera que el incremento puede explicarse, aunque sólo en parte, porque la OMS realizó sus recomendaciones en el año 1985 y desde entonces la edad de las madres ha ido aumentado, incrementándose paralelamente los riesgos. El ginecólogo señala también que "la obstetricia junto con la anestesia y la cirugía plástica acumulan una gran cantidad de demandas" lo que hace que algunos profesionales trabajen con miedo. La cesárea "es una operación quirúrgica que reporta mayores riesgos que la vía vaginal, siempre que no esté justificada", señala Montesinos.

"Nuestro objetivo es humanizar la atención al parto sin rebajar la seguridad", explica el ginecólogo. La práctica médica actual se ha centrado tanto en las respuestas farmacológicas que ha olvidado que existen otras posibilidades menos agresivas. Las matronas y los médicos del Sergas viajarán a otras comunidades autónomas, donde hay experiencias en una atención más natural al parto, para recibir la formación adecuada. El primer paso para devolver la naturalidad al nacimiento -el cambio de mentalidad- se está dando. En la práctica, según indica Motesinos, la atención más humanizada se irá implantando poco a poco en los hospitales

Es una excelente noticia, encontrada por una “maga” colaboradora, una noticia que permite dar paso a un texto de Jodorowsky que no tiene desperdicio. En este texto se identifica la cesárea como algo frío, donde el parto se convierte en la extirpación de un tumor.

Texto de Jodorowsky de forma íntegra:


Tus derechos

“Antes que nada, deberías tener el derecho a ser engendrado por un padre y una madre que se amen, durante un acto sexual coronado por un mutuo orgasmo, para que tu alma y tu carne obtengan como raíz el placer. Deberías tener el derecho a no ser un accidente ni una carga, sino un individuo esperado y deseado con toda la fuerza del amor, como un fruto que ha de otorgar sentido a la pareja, convirtiéndola en familia. Deberías tener el derecho a nacer con el sexo que la naturaleza te ha dado. (Es un abuso decir: “Esperábamos un hombre y fuiste mujer”, o viceversa.) Deberías tener derecho a ser tomado en cuenta desde el primer mes de tu gestación. En todo momento la embarazada debería aceptar que es dos organismos en vías de separación y no uno solo que se expande. De los accidentes que ocurran en el parto nadie te pueda acusar. Lo que te sucede dentro de la matriz nunca es culpa tuya: por rencor a la vida, la madre no quiere parir y, a través de su inconsciente, te enrolla el cordón umbilical alrededor del cuello y te expulsa, incompleto, antes de tiempo. Porque no se te quiere entregar al mundo, ya que te has convertido en un tentáculo de poder, se te retiene más de nueve meses, secándose el líquido amniótico y tu piel siendo quemada; se te hace girar hasta que tus pies y no tu cabeza comienzan el deslizamiento hacia la vulva, así van al nicho los muertos, con los pies por delante; se te engorda más de la cuenta para que no puedas pasar por la vagina, siendo sustituido el alumbramiento feliz por una fría cesárea que no es parto sino extirpación de un tumor. Negándose a asumir la creación no colabora con tus esfuerzos y solicita la ayuda de un médico que te oprime el cerebro con su fórceps; porque padece una neurosis de fracaso, te hace nacer semiahogado, azulado, obligándote a representar la muerte emocional de quienes te engendraron… Deberías tener el derecho a una profunda colaboración: la madre debe querer parir tanto como el niño o la niña quieren nacer. El esfuerzo será mutuo y bien equilibrado. Desde el momento en que este universo te produce es tu derecho tener un padre protector que esté, durante tu crecimiento, siempre presente. Así como a una planta sedienta se le da agua, cuando te interesas por alguna actividad tienes derecho a que te ofrezcan el mayor número de posibilidades para que, en el sendero que elegiste, te desarrolles. No has venido a realizar el plan personal de los adultos que te imponen metas que no son las tuyas, la principal felicidad que te otorga la vida es permitirte llegar a ti mismo. Deberías tener el derecho de poseer un espacio donde poder aislarte para construir tu mundo imaginario, a ver lo que quieras sin que tus ojos sean limitados por morales caducas, a oír aquello que desees aunque sean ideas contrarias a las de tu familia. No has venido a realizar a nadie sino a ti mismo, no has venido a ocupar el sitio de ningún muerto, mereces tener un nombre que no sea el de un familiar desaparecido antes de tu nacimiento: cuando llevas el nombre de un difunto es porque te han injertado un destino que no es el tuyo, usurpándote la esencia. Tienes pleno derecho a no ser comparado, ningún hermano o hermana vale más o vale menos que tú, el amor existe cuando se reconoce la esencial diferencia.
Deberías tener el derecho a ser excluido de toda pelea entre tus familiares, a no ser tomado como testigo en las discusiones, a no ser receptáculo de sus angustias económicas, a crecer en un ambiente de confianza y seguridad. Deberías tener derecho a ser educado por un padre y una madre que se rigen por ideas comunes, habiendo ellos en la intimidad aplanado sus contradicciones. Si se divorciaran, deberías tener el derecho a que no te obliguen a ver a los hombres con los ojos resentidos de un padre. Deberías tener el derecho a que no se te arranque del sitio donde tienes tus amigos, tu escuela, tus profesores predilectos. Deberías tener el derecho a no ser criticado si eliges un camino que no estaba en los planes de tus progenitores; a amar a quien desees sin necesidad de aprobación; y, cuando te sientas capaz, a abandonar el hogar y partir a vivir tu vida; a sobrepasar a tus padres, ir más lejos que ellos, realizar lo que ellos no pudieron, vivir más años que ellos. En fin, deberías tener el derecho a elegir el momento de tu muerte sin que nadie, en contra de tu voluntad, te mantenga en vida.”

No hay comentarios: